La Selección de Francia promete volver a ser protagonista en el Mundial 2026. Subcampeones en Qatar 2022 y campeones en Rusia 2018, Les Bleus sueñan con conquistar su tercera estrella de la mano de Didier Deschamps, quien le pondrá fin a su histórico ciclo de 14 años en este certamen. Para afrontar el Grupo I —donde se medirán ante Irak, Noruega y Senegal, país que fue colonia francesa—, el cuerpo técnico presentará una plantilla que ratifica su tradicional diversidad cultural: 21 de los 26 convocados tienen raíces en diferentes rincones del mundo.
La tendencia multicultural se consolida en la nómina actual, que solo incluye a tres futbolistas nacidos en el extranjero: Brice Samba en la República del Congo, Marcus Thuram en Italia y Michael Olise en Inglaterra. El caso del atacante de Bayern Múnich es uno de los más curiosos del grupo, ya que es hijo de padre nigeriano y madre franco-argelina, y todavía no habla el idioma francés.
Se ha vuelto viral este vídeo donde a Michael Olise le cuesta muchísimo hablar en francés.
Hay que hacer una aclaración: Olise nació en Londres y hasta sus 22 años vivió en Inglaterra.
Se nacionalizó francés por su madre, que es franco-argelina.pic.twitter.com/ssBIMIvgbi
— José I. Araoz (@Gazpachen) May 12, 2026
Este modelo de integración nació con la primera coronación local en el Mundial 1998 bajo el lema «Black-blanc-beur» (negros, blancos y árabes). Aquel plantel, capitaneado por el propio Deschamps, contaba con figuras nacidas en el Caribe como Lilian Thuram, con ascendencia en Martinica como Thierry Henry, y con su máxima estrella, Zinedine Zidane, hijo de inmigrantes argelinos. La fisonomía de ese «equipo arcoíris» se repitió en Rusia 2018, donde 14 de los 23 campeones tenían lazos directos con África, incluyendo a Samuel Umtiti, Paul Pogba, N’Golo Kanté, Ousmane Dembélé y un joven Kylian Mbappé, oriundo de los suburbios parisinos de Bondy y con raíces camerunesas y argelinas.
A lo largo de las últimas tres décadas, la identidad de la selección atravesó de lleno los debates políticos franceses. En 1996, el líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen criticó la nacionalización de jugadores tildándolos de «representantes del papeleo», lo que motivó a Zidane a militar abiertamente en su contra en las elecciones de 2002開vindicando su doble orgullo cultural. La historia se repitió en 2024, cuando el crack de Real Madrid, junto a compañeros como Jules Koundé, Aurélien Tchouaméni y Marcus Thuram, se pronunció públicamente para frenar el avance electoral de Marine Le Pen, hija del histórico dirigente. Con este trasfondo social y deportivo, Francia desembarca en 2026 dispuesta a defender los valores de su diversidad en el campo de juego.
