Peter Grance nació sin la mano izquierda, pero eso nunca fue un freno: se formó en Boca Juniors, llegó a la Selección juvenil y hoy sigue construyendo su carrera en el Ascenso. A los 26 años, el lateral atraviesa una nueva etapa en Los Andes, donde se ganó un lugar desde su llegada y vuelve a demostrar que su historia está marcada por la constancia.
Su camino en el fútbol empezó desde muy chico, con una familia atravesada por la pasión. De ahí dio el salto a Boca, donde tuvo una prueba que le cambió la vida.
“Jamás pensé que iba a jugar en Boca”, recordó sobre aquel momento en el que quedó seleccionado tras apenas unos días. En inferiores, compartió plantel con Balerdi, Agustín Almendra y Ezequiel Cañete, en un contexto de alta exigencia que lo formó desde lo competitivo. Estuvo a un paso de debutar en Primera, pero la pandemia frenó su crecimiento y lo obligó a replantearse su futuro.
Uno de los momentos más fuertes de su carrera llegó con la citación a la Selección Argentina Sub 20. “No lo podía creer, pensé que era una joda”, contó sobre el día en que recibió el mail que confirmaba su convocatoria. Según contó, no pudo ni comer y en su casa terminaron todos llorando.
Ese llamado, según él mismo reconoce, fue clave para no dejar el fútbol en uno de sus momentos más difíciles. Lejos de victimizarse, Grance siempre naturalizó su condición. Nunca se sintió discriminado y aprendió a convivir con las dificultades desde chico.
“No le doy importancia a lo que digan. Eso es clave”, asegura, con un mensaje de que el esfuerzo depende de cada uno.
Tras su salida de Boca, pasó por distintos clubes del Ascenso como Sacachispas, Gimnasia y Esgrima de Jujuy y San Miguel, hasta llegar a Los Andes, donde hoy es una pieza importante. En la actual temporada de la Primera Nacional, fue titular en la mayoría de los partidos y ya aportó asistencias, siendo parte de un equipo que se mantiene en zona de pelea.
Nota completa: TyC Sports – Francisco Gentile
