No perder no es lo mismo que saber ganar. Colón sigue invicto, pero anoche no cerró el partido, y lo termino padeciendo en una noche que invitaba a algo más. Fue un poco más con la pelota, generó mucho en el primer tiempo, perdonó mucho y terminó sufriendo lo que no pudo definir. En la última noche de febrero, pesado de calor y de expectativa, el sabalero terminó rescatando un punto.

El equipo de Ezequiel Medrán arrancó como le gusta a él, protagonista. A los 15 minutos tuvo la llave del partido Alan Bonansea, de un penal muy dudoso que cobró el árbitro Amiconi.
Parecía que la noche pintaba linda y Colón podía ponerse arriba desde temprano, pero Fernando Monetti se agrandó y sacó un misil al tanque Bonansea que esta vez tuvo el arco cerrado. Gran atajada. De esas que te llevan a los fantasmas del pasado, como aquel penal de Jorge Broun en 2014, justo frente a Ferro, de esos penales que cambian el ánimo de una cancha. El equipo siguió empujando, generó situaciones, pisó varias veces el área de Ferro, pero le faltó empujarla. Mucho centro, mucha intención y poca decisión.
Ferro no fue ningún cuco. Fue práctico y esperó su momento. Una pelota parada, una desatención y Matías Kabalin puso el 1 a 0. Así de simple y de injusto para el hincha.
Colón lo fue a buscar, eso no se discute, los centrales sostuvieron, el equipo no se partió y Medrán movió el banco, quizá tarde, pero los cambios fueron acertados. Ibarra entró y encontró el empate en el momento más incómodo, cuando el partido empezaba a irse. Fue un desahogo más que festejo.
Hay señales buenas, los centrales firmes y el equipo ordenado. La gente acompañando y una base que empieza a consolidarse. Cuándo Colón aprenda a cerrar lo que genera va a empezar a encaminarse, por ahora, rescatando lo positivo, con mucho trabajo por delante y mirando el vaso medio lleno, que después del pésimo 2025 no es poco.
Por Jonas Reinglestein
